Bob Schalkwijk y la Ciudad de México

Por Gina Rodríguez Hernández

Publicado en Alquimia, revista del Sistema Nacional de Fototecas. Año 17. Núm. 49. Septiembre  - Diciembre de 2013.

¿Cómo se elige una ciudad para vivir, cuando no se ha nacido en ella? Muchos y muy diversos son los motivos, pero cuando Bob Schalkwijk (Rotterdam, 1933) llegó a la Ciudad de México en febrero de 1958, ni siquiera que imaginaba esta sería su ciudad.

Todo inició en Calgary, Canadá, tras leer un artículo publicado en Esquire, la célebre revista masculina, que comentaba las bondades de Ajijic, en Jalisco. Por $150 dólares dos personas podían pasar un mes entero comiendo y bebiendo en un tranquilo y cálido pueblo. Sin pensarlo, a bordo de su Volkswagen, y en compañía de un amigo, realizaron el trayecto en cinco días. La apacible vida en la ribera del Lago de Chapala no les significó gran cosa y emprendieron su marcha rumbo al corazón del país. Llegaron a la carretera México-Toluca, se encontraron con la Avenida del Paseo de la Reforma y desembocaron en el Zócalo. Se alojaron en el primer hotel que encontraron, el Hotel León, en la calle de Brasil.

Iluminación de Avenida Juárez, CDMX. Enero de 1965.

Acostumbrados a viajar y hospedarse en los albergues estadounidenses de la Young Men’s Christian Association (YMCA), a la mañana siguiente preguntaron por la “Guay”. Para su sorpresa, la sede capitalina no contaba con dormitorios, pero sí con un cuarto oscuro; a cambio de ponerlo en orden y dejarlo limpio, Bob pudo utilizarlo, pues desde los 14 años, practicaba la fotografía. Como hospedaje alquilaron unos cuartos en la calle de Tokio, en la Zona Rosa, entonces el lugar de moda. Precavido, Bob visitó la embajada holandesa, y encontró que una conocida suya, una joven pintora, radicaba con su madre en la capital. Entre reuniones, viajes a Acapulco y al Valle del Mezquital, Bob vivió los contrastes mexicanos y los empezó a fotografiar, mientras tomaba clases de español. Dos meses después el amigo regresó a Canadá y Bob se quedó tres meses más, pero se mudó a un cuarto que rentaba una señora estadounidense en San Ángel. Al ser aceptado en la Escuela de Ingeniería en la Universidad de Stanford, fue a California para estudiar ingeniería petrolera, motivo que lo había traído de Holanda a América. 

Más que provocar el despertar de un ingeniero, la universidad reforzó su gusto por la fotografía. Cursó un taller de cine, realizó una película de 16mm, y con ganas de re-encontrarse con su amiga holandesa, regresó en su “bocho” a la Ciudad de México en diciembre de 1958. Decidió ser fotógrafo profesional, se instaló en San Ángel y para su buena estrella, se enamoró y se casó con Nina Lincoln. Ella producía teatro y convivía con un círculo de amistades por demás sofisticado, pero sobre todo culto y creativo. Era además, un momento en que la cultura mexicana gozaba de un nuevo renacimiento en las artes plásticas, la arquitectura, el diseño, la moda, y todo ello fue fotografiado por Bob.

Mexico City (Spring Books, 1965), da cuenta de su mirada atenta, rigurosa en su composición y sensible a la percepción de la luz, la espacialidad de la ciudad, la traza de sus avenidas y sus personajes. Las 194 fotografías publicadas en Mexico City apuntan a los temas que a lo largo de su trayectoria profesional ha desarrollado y que continúa explorando. Los paisajes urbanos que aparecen en el libro nos ubican en una metrópoli apenas reconocible y por demás nostálgica, beneficiada por una economía conocida como “el milagro mexicano”. Esa gloriosa Ciudad de México fue también producto de las regencias de Ernesto P. Uruchurtu, hombre polémico, incomprendido por sus decisiones de “querer meter en cintura” a los capitalinos, pero que le dio a la capital la fisonomía y la infraestructura que hoy conocemos.

La oportunidad de tomar las fotografías para el libro llegó a través de Nina, quien supo de un inglés, que buscaba quien hiciera las tomas para un libro sobre la Ciudad de México. La edición se sumaría a la serie Famous Cities of the World, libros de fotografías de un solo autor, con introducción de un escritor conocido, y tirajes de 40,000 ejemplares. México fue la única ciudad de Latinoamérica elegida para formar parte de esta serie.

A nivel local, otras ediciones fotográficas sobre la Ciudad de México ya se conocían, como el célebre ensayo Yo, el Ciudadano que Nacho López publicó en Artes de México en 1962, y se preparaban otros libros que a través de la fotografía, buscaban alabar la grandeza capitalina— y por lo tanto mexicana— encaminada entre otras cosas, a ser la sede de los XIX Juegos Olímpicos, en donde por primera vez se presentaría un ambicioso programa cultural. 

Pareja afuera de un estudio fotográfico. Ciudad de México, 1965.

Bob y Nina tuvieron la idea de dividir el libro en cinco apartados, a manera de recorridos, que son los que aparecen como capítulos: “Las Raíces de México”, dedicado a la arqueología; “Pueblitos dentro de la capital”, con énfasis en San Ángel, Tlalpan y Coyoacán; “Ciudad de palacios e iglesias” dedicado casi exclusivamente al Centro Histórico; “El México Moderno”, enfocado en la arquitectura, particularmente en Ciudad Universitaria; “Parques, avenidas, monumentos”, donde la presencia de los habitantes aparece en el disfrute de estos espacios y “La Ciudad Palpitante”, mosaico de personajes, celebraciones y situaciones que dan cuenta de la ciudad de hace medio siglo.

 

No había mucho tiempo para hacer las tomas, y en el plan de trabajo que armaron aprovecharon los festejos septembrinos, los de Día de Muertos, y la temporada navideña de 1964. Poco a poco, avanzaron en tomar los hitos obligatorios: el Centro Histórico, Tlatelolco, la Basílica de Guadalupe, la Avenida Reforma, el Bosque de Chapultepec, CU, Xochimilco, sin olvidar sus principales linderos, como Ciudad Satélite y el Ajusco. Al regreso de sus travesías, Bob procesaba los rollos, hacía contactos y junto con Nina, elegían las mejores tomas que imprimía en copias de trabajo de 5 x 7”. De un aproximado de 8,000 fotografías, el 90% fue tomado en blanco y negro, y así fueron formando las historias de cada apartado. Si observamos el libro, destaca su excelente calidad y atinada puesta en página — la pre-prensa se hizo con impresiones en 8 x 10” hechas por Bob— y también apreciamos su narrativa visual que evita editorializar los temas. Sus fotografías son serenas y empáticas. No faltan los guiños, como el hombre que duerme en su diablito a pleno tráfico (p. 118), o las entrañables imágenes de los novios en CU (p. 83), que por lo acontecimientos sucedidos años después, no deja de estremecernos, pues se percibe como un signo de una época que llegaría a su fin.

Conocido por su impecable y riguroso trabajo editorial, la participación de Bob Schalkwijk en otros libros de fotografía de la Ciudad de México ha sido constante:

  • México 75 Años (Chrysler, 1984), donde sus fotografías establecen un diálogo con las que ilustraron México en el Centenario de su Independencia 1910, editado por Eugenio Espino Barros.
  • Carlos Mérida, su obra en el Multifamiliar Juárez. Nacimiento muerte y resurrección (ISSSTE-INBA, 1988), a propósito de la demolición de algunos edificios decorados por Mérida, a causa de los sismos de 1985.
  •  Chapultepec, un bosque y su castillo (Smurfit-Cartón y Papel de México, 1988).
  • Tres Grandes Colegios de la Nueva España (Grupo Aluminio, 1990).
  • Un Día en la Vida de la Gran Ciudad de México (Departamento del Distrito Federal, 1991), donde participó con una serie sobre la captura de perros callejeros.
  • El Ex-Arzobispado (Espejo de Obsidiana, 1997).
  • Antiguo Colegio de San Ildefonso (Nacional Financiera, 1997).
  • ABCDF (Editorial Diamantina, 2001), donde se publicó a doble página su fotografía de una boda, una de Paseo de la Reforma, el recorrido de los niños en el Mercado de la Merced, y la vendedora de sombrillas, las cuatro ya publicadas en el libro Mexico City; otras fotografías suyas ilustran la entrada para “Charro”, “Primera Comunión”, ésta a color, y otra doble página que muestra a dos jugadores de ajedrez en la Casa del Lago.
  • Antiguo Colegio de San Ildefonso (Área Editores, 2008).
  • 50 Años (Truper, 2012).

Con más de 50 años en activo, su archivo, constituido por unas 400,000 fotografías, comienza a tener distintas revisiones que le han dado otro sesgo a su obra. En el 2010, la galería La Valise expuso la serie Arquitectura Colapsada, Terremoto ‘85, y un año después, en el Centro Cultural Universitario Tlatelolco se presentó Zona Sísmica 2011, exposición curada por Ana Elena Mallet, que incluyó varias de sus fotografías tomadas durante los sismos de 1985. Recientemente, Irving Domínguez realizó una curaduría sobre sus fotografías de la Ciudad de México, de 1964 a 1997, para inaugurar las galerías públicas del Instituto Mexicano del Seguro Social.

Fotógrafo incansable, participa desde hace tres años, junto con la Antropóloga Beatriz Martínez del Monte, en la investigación El reto de envejecer en pobreza, proyecto de un profundo sentido humanista que llevan a cabo con los adultos mayores que viven en el pueblo de Santa Fe.

En su extenso arsenal fotográfico, que inició hace más de medio siglo y que cubre prácticamente todo el territorio mexicano y más de 45 países en diferentes continentes, la Ciudad de México tiene un significado especial. Bob Schalkwijk, el holandés que vino de visita en 1958, devino en chilango. Afincado en Coyoacán, recibe en su estudio, con una taza de café, charla amena y cientos de fotografías, a todos los interesados.